En los años 80 se produce un gran auge en el festejo de los caballos del vino. Se crean las primeras peñas caballistas que recogen el testigo de particulares y familias. Durante la mañana de cada 2 de mayo, los caballos engalanados recorren las calles y plazas de la ciudad; los caballistas junto a moros y cristianos participan en los actos que se desarrollan en el Templete, como la Misa de Aparición, para emprender después del pasacalles que les llevará hasta el castillo; a su paso, vecinos y visitantes contemplan el enajezamiento del animal y el orgullo de los caballistas mostrando su caballo del vino.